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miércoles, 10 de agosto de 2011

Ciudad Perdida.


  • Ebrard se sube al tobogán los chuchos
  • Atrás, ¿acuerdo inconfesable?
  • Navarrete y su campaña onerosa

Lo que hasta hace poco tiempo no se pensaba más que como una broma macabra, se ha convertido, a base de carretadas de dinero que pocos saben de dónde proviene, en una de las peores muecas de la política de la ciudad de de México: Carlos Navarrete.

Hay quienes dicen que más allá de Barrales, Delgado o Mancera, Marcelo Ebrard ha fincado un acuerdo, inconfesable pero cierto, con la tribu de los chuchos para apoyarlos o, mejor dicho, para favorecer a Navarrete, a cambio del apoyo de la tribu más desprestigiada de todo el PRD: Nueva Izquierda, en un posible salto a la candidatura de ese partido a la Presidencia de la República.

Poco a poco Ebrard se ha enredado en la telaraña de los chuchos, de donde pocos salen sin cargar el desprestigio que lleva a cuestas esa tribu. Hasta ahora, en cada uno de los actos desde donde se ha lanzado al jefe de Gobierno como aspirante a la Presidencia, Nueva Izquierda se hace presente como los porristas de Marcelo.

Lo mismo en la presentación de la Fundación Equidad y Progreso, que lidera René Cervera, ex asesor de Ebrard, que en la reunión a la que convocó Jesús Valencia en el Señorial, o esta última vez en el World Trade Center, en la que el chuchinero fue más evidente en su postura en favor del jefe de Gobierno.

Marcelo Ebrard sabe, porque no es, ni de broma, un novato en la política, que enredarse con Nueva Izquierda es caminar sobre el filo de la traición. Sin embargo, larga sus pasos por ese sendero con una confianza que nadie entiende porque nadie, en su sano juicio, podría confiar en los chuchos, a menos que se tuviera un acuerdo que rompiera con la constante del quehacer de esa tribu.

Según algunos observadores, los candidatos de Marcelo Ebrard a la jefatura de Gobierno –la presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa, Alejandra Barrales; el secretario de Educación, Mario Delgado, y el procurador, Miguel Ángel Mancera– estarían a punto de ser descartados por el acuerdo con Nueva Izquierda.

Claro que no se habla de desecharlos. Se trata, por un lado, de irles restando posibilidades, de todo tipo, para hacerles imposible llegar a la candidatura, y por el otro, ir pavimentando el lodazal por el que camina Navarrete. Hay muchos que no dan credibilidad a esta versión, pero nadie se explica cómo es que Navarrete, que tendría en contra el voto de casi todo el perredismo de la ciudad, se atreve a levantar una campaña de costos económicos tan altos sin un apoyo como el de la jefatura de Gobierno.

Y esos que no creen que Ebrard hubiera caído en la trampa suponen que el apoyo a Navarrete proviene de Los Pinos, cosa que no sería para sorprenderse si se toma en cuenta lo cercano de los miembros de Nueva Izquierda a la derecha, y se dice que el precio impuesto por los chuchos será que en el Senado el PRD vote a favor de la ley de seguridad nacional, que ya se cocina, para empezar.

Así se ha ido tejiendo, según nos cuentan, ese horror político que significa la candidatura de Navarrete. ¡Cuidado!

lajornada

martes, 2 de agosto de 2011

No soy de izquierda: Ebrard a López Obrador, hace 11 años.


“Ni yo ni el PCD somos de izquierda”, escribió el actual jefe de Gobierno en una carta enviada a AMLO, cuando éste le pidió declinar en su favor.




CIUDAD DE MÉXICO, 2 de agosto.- Hace 11 años, cuando Marcelo Ebrard era candidato del Partido de Centro Democrático (PCD) a jefe de Gobierno del Distrito Federal, dejó en claro que no era un hombre de izquierda y que no comulgaba con las ideas económicas del PRD.

“Ni yo ni el PCD somos de izquierda”, afirmó Ebrard en una carta enviada el 14 de marzo de 2000 a Andrés Manuel López Obrador, en ese entonces candidato perredista al gobierno capitalino, en la que le planteaba sus condiciones para retirarse de la contienda y declinar en favor del tabasqueño, decisión que finalmente se concretó dos días después.

La carta –de la cual Excélsior tiene una copia– incluye los argumentos por los que el actual mandatario capitalino no se identificaba con los principios del partido que hoy lo considera una de sus cartas fuertes rumbo a las elecciones presidenciales de 2012.

“Nos diferencia que nosotros creemos en una economía moderna con garantías de legalidad a la propiedad y a la actividad del capital. Pensamos que las finanzas públicas deben ser equilibradas y el ejercicio del gasto público prudente y disciplinado”, reflexiona Ebrard.

La misiva, membretada con la dirección Amores 923, colonia del Valle, es una respuesta de Ebrard a la idea de López Obrador de hacer una alianza “de facto” con el objetivo de “impedir la restauración política que encabeza Jesús Silva Herzog (el entonces abanderado del PRI al GDF) con el respaldo de Ernesto Zedillo”.

Ebrard compartía con AMLO la hipótesis de que el ex secretario de Hacienda era apoyado desde la Presidencia de la República. “De ahí que esté dispuesto a considerar la propuesta que haces a fin de cerrarle el paso a la restauración del viejo PRI y sus alianzas con la alta burocracia y los intereses que representa”.

El día que se firmó la carta faltaban poco menos de cuatro meses para la elección de jefe de Gobierno y delegados. Además de AMLO y Silva Herzog, en la contienda figuraba Santiago Creel, candidato del PAN. Habían pasado tres años desde que Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD, se convirtió en el primer gobernante capitalino electo en las urnas.

“Me planteas el retiro de la contienda en tu favor. Ello implica costos grandes para mí y para mi partido. Sólo un proyecto político de gran alcance como sería la conclusión de la reforma política y el cambio de fondo de las instituciones de la ciudad podría justificarlos”, señala Ebrard, en alusión a la necesidad de promulgar una Constitución de la Ciudad de México.

“Te anexo un borrador del posible compromiso del centro y la izquierda en los términos referidos. Ustedes tienen la palabra”, así se despide Ebrard en la misiva.

La carta fue enviada un lunes. Para el miércoles siguiente, el entonces aspirante del PCD declinaba en favor de la llamada Alianza por la Ciudad de México, encabezada por López Obrador, que al final ganó la elección. El gesto fue recompensado dos años más tarde, cuando Ebrard fue nombrado secretario de Seguridad Pública.

excelsior.