El FBI precisó que únicamente pueden involucrarse como apoyo y sólo a petición del gobierno de México, y que de igual forma que la ATF
Expertos del Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés) y del Buró de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos (ATF) arribaron a México para colaborar con el gobierno de México en la investigación del coche-bomba que estalló ayer en Monterrey, Nuevo León, tras el paso de un vehículo del Ejército mexicano en persecución de presuntos delincuentes.
“El FBI envió a un pequeño equipo a la escena del crimen para consultar con nuestras contrapartes mexicanas y les ofrecemos a ellos asistencia técnica con el coche bomba”, indicó la agencia a EL UNIVERSAL.
El FBI precisó que únicamente pueden involucrarse como apoyo y sólo a
petición del gobierno de México, y que de igual forma que la ATF, proporcionará ayuda en aspectos técnicos sobre el mecanismo explosivo.
La ATF agregó que ellos han proporcionado entrenamiento de laboratorio a agentes mexicanos, lo que implica la reconstrucción del mecanismo usado en el estallido, para que los investigadores determinen de qué se trataba y de dónde pudo provenir.
Marisela Morales Ibáñez, procuradora General de la República (PGR), informó que personal especializado de la dependencia se trasladó a Nuevo León para practicar los peritajes.
Ayer por la mañana, un automóvil estalló cuando pasaba un convoy militar que perseguía a hombres armados en la colonia Ladrillera, al sur de la ciudad de Monterrey.
Información de la cuarta región señaló que el incidente se registró cuando los militares patrullaban la colonia. Un auto sospechoso se paró frente a ellos e hizo maniobras para que fueran perseguidos por el convoy.
El estallido ocurrió a las 05:00 de ayer, en la avenida Revolución al cruce con Ricardo Covarrubias. Justo cuando los solados pasaban por el auto cargado de explosivos, aparentemente una persona detonó el vehículo, presuntamente con un celular, lo que aún ha sido confirmado.
La onda expansiva destrozó por completo el auto; algunas piezas salieron volando como 30 metros. Además dejó severos daños en ventanales de varios negocios y parte del alambrado de una red de telefonía. Protección Civil de Monterrey no reportó lesionados, ni muertos.
Debido la magnitud del estallido, los militares cercaron un perímetro de 200 metros cuadrados, también acudieron policías federales y estatales para apoyar el cerco de seguridad.
Peritos en explosivos iniciaron las investigaciones para determinar qué tipo de material se utilizó en este ataque a las fuerzas armadas.
En este año, varias corporaciones policiacas de Nuevo León sufrieron un atentado con un coche-bomba. Las investigaciones determinaron que se utilizaron explosivos caseros, tipo bomba molotov.
De los autos que han sido detonados en la capital norteña, sólo uno se pude comparar con la magnitud del ocurrido ayer: el de la sede policial de Zuazua, en diciembre de 2010.
Video Cortesía Milenio
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viernes, 21 de octubre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
EEUU está tratando de impedir que los palestinos acudan a la ONU en septiembre.
Estados Unidos está presionando a los palestinos para que no pidan ser reconocidos como Estado independiente ante la Asamblea General de la ONU para evitar potenciales tensiones diplomáticas con Israel y quedar aislados en su intento de bloquear su petición, según han confirmado diplomáticos y responsables norteamericanos.
La Administración estadounidense ha emprendido un plan para reactivar las conversaciones de paz entre palestinos e israelíes para intentar convencer al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, de que no acuda ante la ONU.
Washington ha aseverado que vetará cualquier petición que realicen los palestinos al Consejo de Seguridad de la ONU que tenga como fin convertirse en un miembro permanente de Naciones Unidas.
Altos cargos norteamericanos y diplomáticos extranjeros han asegurado a este periódico que Washington quiere evitar hacer campaña a favor del veto, ya que podría dejar sólo a Estados Unidos en su intento.
"Si les planteas una alternativa, las circunstancias cambian de repente, así como la dinámica, y eso es lo que estamos tratando de hacer", afirma un responsable gubernamental norteamericano.
Las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos continúan estancadas. Las autoridades palestinas abogan por la vía de la ONU para el reconocimiento de su independencia como Estado, cuyas fronteras serían las mismas que las que delimitaban a la región palestina antes de la Guerra de los Seis Días de 1967.
De hecho, este es el principal punto de disensión entre ambas partes y el más importante de los obstáculos que tienen los palestinos en su camino hacia la independencia. También lo es Estados Unidos, que dispone del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Israel ha reconocido que no goza de los apoyos suficientes para hacer fracasar la iniciativa palestina, si bien aún alberga esperanzas en que la división en el seno de la UE sobre la cuestión palestina pueda minar de forma definitiva una comparecencia de los palestinos ante la Asamblea General.
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martes, 23 de agosto de 2011
Confusión tras reaparición de hijo de Gaddafi.
Al-Islam estaba considerado para suceder a su padre al frente de Libia antes de que a mediados de febrero pasado comenzara la actual ola de violencia contra el régimen.
Los miembros de los grupos rebeldes que entraron a Trípoli la noche del domingo se encontraban hoy confundidos tras la reaparición en libertad de Saif al-Islam, hijo de Muammar Gaddafi, y entre temores de que hayan sido infiltrados.
Al-Islam estaba considerado para suceder a su padre al frente de Libia antes de que a mediados de febrero pasado comenzara la actual ola de violencia contra el régimen, hasta que el pasado domingo se dio a conocer su captura por los rebeldes.
Poco más de 24 horas después, la madrugada de este martes, reapareció sonriente a las afueras del hotel Rixos y luego del complejo gubernamental de Bab el Azizia, donde ante seguidores, combatientes leales y prensa internacional, negó que hubiera sido capturado.
Un reporte de la BBC, cuyos enviados pudieron hablar con el segundo hijo de Gaddafi, "sonriente y lleno de adrenalina" , recogió su afirmación de que la columa vertebral de la oposición había sido rota, y que los opositores habían caído en una trampa.
La reaparición del al-Islam, de 39 años de edad, generó confusión entre las filas rebeldes en las calles de Trípoli y la sospecha de que los combatientes y el Consejo Nacional de Transición (CNT) han sido infiltrados, reportó a su vez Al Yazira.
Ambos medios internacionales dieron cuenta de enfrentamientos en las calles de la capital libia, inclusive usando armamento pesado.
Fuerzas gubernamentales y voceros de los rebeldes también disputaban en sus declaraciones acerca de quien tiene el control de la ciudad, que de acuerdo a los reportes de prensa registra la presencia de ambos bandos.
A pesar de la situación, el CNT señaló que sus principales líderes viajarán este miércoles desde Bengazi, donde han instalado su centro de operaciones, a Trípoli para instaurar un nuevo gobierno.
eluniversal
Los miembros de los grupos rebeldes que entraron a Trípoli la noche del domingo se encontraban hoy confundidos tras la reaparición en libertad de Saif al-Islam, hijo de Muammar Gaddafi, y entre temores de que hayan sido infiltrados.
Al-Islam estaba considerado para suceder a su padre al frente de Libia antes de que a mediados de febrero pasado comenzara la actual ola de violencia contra el régimen, hasta que el pasado domingo se dio a conocer su captura por los rebeldes.
Poco más de 24 horas después, la madrugada de este martes, reapareció sonriente a las afueras del hotel Rixos y luego del complejo gubernamental de Bab el Azizia, donde ante seguidores, combatientes leales y prensa internacional, negó que hubiera sido capturado.
Un reporte de la BBC, cuyos enviados pudieron hablar con el segundo hijo de Gaddafi, "sonriente y lleno de adrenalina" , recogió su afirmación de que la columa vertebral de la oposición había sido rota, y que los opositores habían caído en una trampa.
La reaparición del al-Islam, de 39 años de edad, generó confusión entre las filas rebeldes en las calles de Trípoli y la sospecha de que los combatientes y el Consejo Nacional de Transición (CNT) han sido infiltrados, reportó a su vez Al Yazira.
Ambos medios internacionales dieron cuenta de enfrentamientos en las calles de la capital libia, inclusive usando armamento pesado.
Fuerzas gubernamentales y voceros de los rebeldes también disputaban en sus declaraciones acerca de quien tiene el control de la ciudad, que de acuerdo a los reportes de prensa registra la presencia de ambos bandos.
A pesar de la situación, el CNT señaló que sus principales líderes viajarán este miércoles desde Bengazi, donde han instalado su centro de operaciones, a Trípoli para instaurar un nuevo gobierno.
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miércoles, 17 de agosto de 2011
Washington niega entrometerse en asuntos de México.
El subsecretario de Estado de EU, William J. Burns destacó que México y Estados Unidos asumen una responsabilidad compartida en el combate a los cárteles, al crimen y la violencia que generan
El subsecretario de Estado de EU, William J. Burns, aseguró que su gobierno “respeta totalmente” la soberanía de México y rechazó tajante que como parte de la cooperación binacional en materia de seguridad agentes estadounidenses realicen operaciones en territorio mexicano o tengan injerencia en actividades de orden público.
En su primera visita a México después de asumir el cargo el 28 de julio pasado, convirtiéndose en el funcionario número dos del Departamento de Estado —después de Hillary Clinton—, el subsecretario respondió así ante la polémica que desató el diario The New York Times al develar que agentes de la CIA y de la DEA operan en México y que tienen una base militar en el país.
El tema ha escalado al punto en que los titulares de las secretarías de Gobernación, Francisco Blake, y de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, tendrán que comparecer hoy ante el Congreso para explicar el caso.
Burns dijo en rueda de prensa que entiende “la controversia, las preguntas que se generan. No nos extraña la polémica en Washington, pero es importante que seamos muy claros en nuestros objetivos y cuál es nuestro
Destacó que México y Estados Unidos asumen una responsabilidad compartida en el combate a los cárteles, al crimen y la violencia que generan.
En este ámbito de cooperación, afirmó, “lo que no hacemos es realizar operaciones y lo que no hacemos es entrometernos en actividades del orden público, ese es el trabajo, esa es la tarea de las autoridades mexicanas. Y así es como debe ser (...) Existen límites muy claros para nuestro involucramiento, para nuestro papel”.
El funcionario afirmó tajante que “respetamos mucho y totalmente la soberanía de México”.
Se insistió en cuestionar la labor de los agentes estadounidenses en México, y el funcionario dijo: “Lo que sí hacemos es ayudar proporcionando información, compartiéndola; entregando equipo, ayudar con capacitación, así como en el desarrollo de las capacidades de las instituciones de orden público de México (…) seguimos la pauta que nos ponen las autoridades mexicanas”.
Burns, quien se reunió por separado con la canciller Espinosa y con el titular de la SSP, Genaro García Luna, reconoció a los “héroes mexicanos que hacen operaciones contra los cárteles con un gran riesgo”, y destacó el esfuerzo de México en la lucha anticrimen.
eluniversal
| William J. Burns, subsecretario de Estado de Estados Unidos, durante la conferencia de prensa en la embajada de su país en México |
En su primera visita a México después de asumir el cargo el 28 de julio pasado, convirtiéndose en el funcionario número dos del Departamento de Estado —después de Hillary Clinton—, el subsecretario respondió así ante la polémica que desató el diario The New York Times al develar que agentes de la CIA y de la DEA operan en México y que tienen una base militar en el país.
El tema ha escalado al punto en que los titulares de las secretarías de Gobernación, Francisco Blake, y de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, tendrán que comparecer hoy ante el Congreso para explicar el caso.
Burns dijo en rueda de prensa que entiende “la controversia, las preguntas que se generan. No nos extraña la polémica en Washington, pero es importante que seamos muy claros en nuestros objetivos y cuál es nuestro
Destacó que México y Estados Unidos asumen una responsabilidad compartida en el combate a los cárteles, al crimen y la violencia que generan.
En este ámbito de cooperación, afirmó, “lo que no hacemos es realizar operaciones y lo que no hacemos es entrometernos en actividades del orden público, ese es el trabajo, esa es la tarea de las autoridades mexicanas. Y así es como debe ser (...) Existen límites muy claros para nuestro involucramiento, para nuestro papel”.
El funcionario afirmó tajante que “respetamos mucho y totalmente la soberanía de México”.
Se insistió en cuestionar la labor de los agentes estadounidenses en México, y el funcionario dijo: “Lo que sí hacemos es ayudar proporcionando información, compartiéndola; entregando equipo, ayudar con capacitación, así como en el desarrollo de las capacidades de las instituciones de orden público de México (…) seguimos la pauta que nos ponen las autoridades mexicanas”.
Burns, quien se reunió por separado con la canciller Espinosa y con el titular de la SSP, Genaro García Luna, reconoció a los “héroes mexicanos que hacen operaciones contra los cárteles con un gran riesgo”, y destacó el esfuerzo de México en la lucha anticrimen.
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sábado, 13 de agosto de 2011
OTAN ha bombardeado Libia 7.037 veces dejando más de 1200 muertos y miles de heridos.
La Organización del Tratado para el Atlántico Norte (OTAN) ha realizado, desde el 31 de marzo pasado, 18.533 incursiones aéreas, entre ellas 7.037 ataques contra el pueblo libio, dejando más de 1.200 personas muertas y miles de heridos, reportó el corresponsal de Telesur en Trípoli, Rolando Segura, a través de su cuenta en la red social Twitter.
Las acciones se desataron tras la resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que permite una zona de exclusión aérea para “proteger civiles”.
El periodista además comentó que en la noche de este jueves las fuerzas imperiales volvieron a bombardear residencias civiles en Zliten, a 160 kilómetros de Trípoli, sin tener precisión del número de víctimas.
Cabe recordar que a principios de esta semana la OTAN bombardeó esa misma ciudad en las cercanías de una zona de granjas, ataque que tuvo como consecuencia 85 muertos, entre ellos 33 niños, 32 mujeres y 20 hombres.
Tras la masacre de Zliten, el Gobierno de Libia decretó tres días de duelo nacional, refirieron reportes del enviado especial de Telesur.
Asimismo, Rolando Segura indicó que en los hospitales de la capital de Libia los médicos intentan salvar la vida de los heridos de gravedad víctimas de los ataques perpetrados por la OTAN en la zona agropecuaria de Zliten, como Mohamad Hasan, un niño de 12 años edad, que fue blanco de los bombardeos. Segura retrató al infante postrado en una cama de hospital.
El primer ministro de Libia, Albahdadi Almahmudi, condenó los ataques indiscriminados de las fuerzas imperiales contra la población civil, en el mes sagrado del Ramadán, dijo el corresponsal de Telesur.
Mientras la OTAN y los grupos armados aliados a las fuerzas colonialistas continúan masacrando al pueblo libio, autoridades y gobiernos de diferentes partes del mundo piden el cese al fuego y que se busque una salida pacífica al conflicto.
En este sentido, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, exhortó a los líderes y a los grupos armados aliados a las fuerzas imperiales a solucionar políticamente el conflicto en el país por no existir la posibilidad de superar la crisis utilizando la fuerza militar, informó este jueves el servicio de prensa de la ONU.
“El cese al fuego y un proceso político que responda a los intereses del pueblo libio es la única manera de lograr la paz y la seguridad en Libia”, indicó Ban Ki-moon.
Ban Ki-moon también expresó su preocupación por la muerte de civiles inocentes como resultado de los enfrentamientos armados en el país y pidió a las partes en conflicto actuar con moderación y evitar víctimas entre la población.
cabadebate
Las acciones se desataron tras la resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que permite una zona de exclusión aérea para “proteger civiles”.
El periodista además comentó que en la noche de este jueves las fuerzas imperiales volvieron a bombardear residencias civiles en Zliten, a 160 kilómetros de Trípoli, sin tener precisión del número de víctimas.
Tras la masacre de Zliten, el Gobierno de Libia decretó tres días de duelo nacional, refirieron reportes del enviado especial de Telesur.
Asimismo, Rolando Segura indicó que en los hospitales de la capital de Libia los médicos intentan salvar la vida de los heridos de gravedad víctimas de los ataques perpetrados por la OTAN en la zona agropecuaria de Zliten, como Mohamad Hasan, un niño de 12 años edad, que fue blanco de los bombardeos. Segura retrató al infante postrado en una cama de hospital.
El primer ministro de Libia, Albahdadi Almahmudi, condenó los ataques indiscriminados de las fuerzas imperiales contra la población civil, en el mes sagrado del Ramadán, dijo el corresponsal de Telesur.
Mientras la OTAN y los grupos armados aliados a las fuerzas colonialistas continúan masacrando al pueblo libio, autoridades y gobiernos de diferentes partes del mundo piden el cese al fuego y que se busque una salida pacífica al conflicto.
En este sentido, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, exhortó a los líderes y a los grupos armados aliados a las fuerzas imperiales a solucionar políticamente el conflicto en el país por no existir la posibilidad de superar la crisis utilizando la fuerza militar, informó este jueves el servicio de prensa de la ONU.
“El cese al fuego y un proceso político que responda a los intereses del pueblo libio es la única manera de lograr la paz y la seguridad en Libia”, indicó Ban Ki-moon.
Ban Ki-moon también expresó su preocupación por la muerte de civiles inocentes como resultado de los enfrentamientos armados en el país y pidió a las partes en conflicto actuar con moderación y evitar víctimas entre la población.
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martes, 9 de agosto de 2011
Senador méxicano: EEUU protegió a narcotraficante “El Chapo”; la CIA pretende desestabilizar al país.
El senador méxicano Felipe González, presidente de la Comisión de Seguridad Pública en la cámara alta, aseguró tener informes que revelan que autoridades norteamericanas han protegido a Joaquín Gúzman Loera alías “El Chapo”.
Asimismo el legislador federal condenó la presencia en territorio mexicano de agentes de la CIA que con el pretexto de ayudar al gobierno federal en la lucha contra el narcotráfico quieren desestabilizar al país.
“Es una asunto muy delicado por que el hecho de que estemos nosotros en problemas serios de seguridad pública, no implica que tengamos que poner en juego la soberanía del país. Yo
últimamente he visto que las autoridades norteamericanas no son confiables. Hemos tenido datos de que inclusive el mismo Chapo estuvo protegido por ellos siendo que es uno de los capos que más daño le está haciendo a México”, afirmó.
Señaló que existen informes que detallan como esque el más buscado narcotraficante del mundo, “El Chapo Gúzman”, ha recibido el apoyo de los estadounidenses bajo el esquema de testigo protegido.
Indicó que este hecho, aunado al fallido operativo de la ATF Rápido y Furioso, por medio del cuál se ingresaron a nuestro país miles de armas de fuego de manera ilegal, son una muestra de que los norteamericanos no son confiables por lo que la presencia en territorio nacional de agentes de la CIA debería ser una llamada de atención para el Estado mexicano, pues aseguró que las intenciones de Estados Unidos no son apoyar al gobierno federal en el combate contra la delincuencia organizada sino desestabilizar al país.
“Quieren tener injerencia en nuestro país, para nadie es desconocido que los norteamericanos toda la vida han tenido la intención de hacerse de México”, dijo.
El pasado domingo, el influyente diario norteamericano The New York Times, reveló que agentes de la CIA, instalados en un campo militar al norte del país, operan en México ayudando supuestamente al gobierno federal en la lucha contra el narcotráfico.
contrainjerencia
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EEUU: La DEA permite el ingreso de toneladas de droga a cambio de información.
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últimamente he visto que las autoridades norteamericanas no son confiables. Hemos tenido datos de que inclusive el mismo Chapo estuvo protegido por ellos siendo que es uno de los capos que más daño le está haciendo a México”, afirmó.
Señaló que existen informes que detallan como esque el más buscado narcotraficante del mundo, “El Chapo Gúzman”, ha recibido el apoyo de los estadounidenses bajo el esquema de testigo protegido.
Indicó que este hecho, aunado al fallido operativo de la ATF Rápido y Furioso, por medio del cuál se ingresaron a nuestro país miles de armas de fuego de manera ilegal, son una muestra de que los norteamericanos no son confiables por lo que la presencia en territorio nacional de agentes de la CIA debería ser una llamada de atención para el Estado mexicano, pues aseguró que las intenciones de Estados Unidos no son apoyar al gobierno federal en el combate contra la delincuencia organizada sino desestabilizar al país.
“Quieren tener injerencia en nuestro país, para nadie es desconocido que los norteamericanos toda la vida han tenido la intención de hacerse de México”, dijo.
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lunes, 8 de agosto de 2011
Guerra Antidrogas: Intervención de Estados Unidos.
La estrategia militar contra el narcotráfico no combate al sistema económico-financiero de las organizaciones delictivas ni busca terminar con el consumo de las sustancias ilícitas; en cambio, deja numerosas violaciones a los derechos humanos de la población, aseguran especialistas. El país en “guerra” está desindustrializado, tiene la mayor pérdida de población en el mundo por la emigración, su economía apenas crecerá el 2 por ciento anual en las próximas dos décadas y en su territorio operan cientos de agentes estadunidenses para evitar que las drogas lleguen a sus consumidores.
La “guerra” mexicana contra el narcotráfico le permite a Estados Unidos intervenir en las políticas de seguridad nacional, procuración de justicia, defensa y derechos humanos de México. Aunque es el principal país consumidor a nivel mundial de drogas, abandonó el concepto de “guerra contra las drogas” en su política interior e impidió que su ejército combatiera a los narcotraficantes. Sin embargo, avaló la estrategia militar del Ejecutivo mexicano porque favorece su interés de promover un Estado policiaco y subordinado en esa región.
Para alcanzar ese propósito, Estados Unidos lanzó una estrategia cuya primera fase responsabiliza a México de esa situación. La segunda fase difunde la presunta debilidad de las fuerzas armadas y de seguridad para combatir al narcotráfico, lo que justifica la injerencia de las instituciones de seguridad estadunidenses en el territorio nacional, señala Alberto Montoya Martín del Campo, investigador de la Universidad Iberoamericana.
La última fase del proceso, la cesión total de la soberanía de México, se alcanza cuando las instituciones responsables de contener al crimen organizado, el Ejército y los cuerpos policiacos, se someten a Estados Unidos al autorizarle realizar operaciones militares en territorio mexicano, incluso, instalar sus bases, explica Montoya.
Estados Unidos utilizó durante los últimos 25 años el concepto de “guerra” contra el narcotráfico frente al creciente consumo de drogas ilegales que amenazaba su seguridad pública; sin embargo, las propias autoridades declararon nula esa concepción.
En mayo de 2009, Gil Kerlikowske, director de la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas de la Casa Blanca, declaró: “No importa cómo se intente explicar a la gente si es una guerra contra la droga o contra el producto; la gente lo ve como una guerra contra ellos. No estamos en guerra contra la gente de este país”. En consecuencia, el nuevo enfoque estadunidense busca reducir el consumo, dar prioridad al tratamiento y disminuir la encarcelación.
En junio de 2009, Andrew Selee, director del Instituto México del Centro Woodrow Wilson, admitió: “Aunque hace 20 años el combate al tráfico de drogas ilegales y a los grupos delictivos trasnacionales era un tema más en la agenda binacional, actualmente es el prioritario”.
Selee explicó que su país no teme el ingreso de terroristas a su país desde México, sino que cruce su frontera sur la escalada de violencia –secuestros, desapariciones y homicidios–. Ante tal expectativa, respaldó la cooperación de su gobierno con las autoridades mexicanas para frenar a los cárteles.
El gobierno mexicano hace lo que aquel país ya dejó de hacer, pues considera que conviene a sus intereses geopolíticos, manifiesta Montoya.
“Guerra” al enemigo interno
La justificación del gobierno mexicano al lanzar la “guerra” contra las organizaciones del narcotráfico fue reducir su violencia. A pesar de los patrullajes y operativos del Ejército en diversas regiones del país, la violencia aumentó a niveles no observados en décadas, con más de 15 mil asesinatos en los últimos tres años, describe Montoya, autor de una investigación sobre los riesgos para la soberanía nacional de la estrategia militar contra el narcotráfico, que publicará la Universidad Iberoamericana.
Al sacar a las calles al Ejército, sin tratarse de una guerra contra otra nación, la misión del Ejército Mexicano se concibe como el enfrentamiento con un enemigo interno, que pone en riesgo a la seguridad nacional. Esa estrategia, señala el académico, afecta “severamente al Ejército”, pues lo expone al poder corruptor de la economía criminal, a la vez que lo lleva a un terreno estratégico ajeno a su mandato constitucional.
Además, anualmente desertan del cuerpo castrense unos 20 mil elementos, casi 150 mil en los últimos ocho años. Ese fenómeno debilita al Ejército –una institución que debía ser formadora de ciudadanos comprometidos con los más altos valores cívicos y morales–. En los hechos, se convierte en proveedora de cuadros capacitados en las disciplinas militares que ahora se dedican a actividades criminales.
También, el fracaso de la actual estrategia es “de suma gravedad para la nación”, porque pone en riesgo la soberanía, manifiesta el académico. Las fuerzas armadas son el reducto fundamental para la defensa de la soberanía nacional. Una forma de vulnerarla es obligarlas a realizar tareas sin sustento en la Constitución y que, por la complejidad de su misión, no podrán lograr los objetivos propuestos.
Bajo la lógica de esas acciones contra el crimen organizado, advierte Montoya, se corre el riesgo de dirigir al Ejército para contener la movilización y protesta social contra los intereses económicos de empresas globales, caciquismos regionales o acciones arbitrarias de los poderes políticos.
Por su parte, Guillermo Garduño Valero, especialista en fuerzas armadas, estima que la actual estrategia federal contra los grupos del narcotráfico no es una “guerra”, y menos una “guerra convencional”. Explica que se trata de una guerra entre un actor no estatal, el crimen organizado, que no aspira al poder –pero sí a dominar su esfera de influencia–. En su opinión, ese combate asimétrico no necesariamente ha dado la ventaja al Estado mexicano.
La actividad de esos actores no estatales tiene un carácter trasnacional, pues las cadenas del narcotráfico se extienden más allá de los límites territoriales. Para eliminarlas, el Estado requiere de acuerdos internacionales, con lo que la movilidad de las organizaciones del narcotráfico opera como una ventaja.
Para el analista, la violencia actual se creó a partir “de los repartos territoriales y de los acuerdos de largo plazo” que hubo entre los capos del narcotráfico y el Estado. Sostiene que “el crimen sí paga”. Los cuantiosos recursos que dispone el narcotráfico y la demanda cautiva de las drogas por la adicción de millones de consumidores “hacen imposible su desaparición por la vía armada”.
Finanzas, el frente olvidado
Hasta ahora, ninguna fase de esa “guerra” gubernamental contra el narcotráfico ha perseguido las finanzas ni las extraordinarias ganancias que genera la economía criminal como una política pública prioritaria, destacan ambos analistas. De esa forma, los grupos del narcotráfico tienen recursos económicos suficientes para debilitar a los gobiernos, y con éstos corrompen su estructura política, militar y financiera.
Alberto Montoya refiere que, según estimaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, cuando menos medio millón de mexicanos obtienen su subsistencia a través de su participación en la producción o comercialización de drogas ilegales. Por lo tanto, el poder del narcotráfico no radica en su armamento, logística, capacidad de fuego u organización, sino en las extraordinarias utilidades que genera ese sistema de economía criminal.
La economía criminal, controlada desde Estados Unidos en sus fases de consumo, trasiego y lavado de dinero, no ha sido afectada por la estrategia del gobierno mexicano. Esto permite vaticinar que en el futuro próximo seguirá la oferta de esas drogas hacia Estados Unidos, México y otras partes del mundo, advierte el analista. De igual forma, las utilidades del negocio del narcotráfico ya lavadas seguirán fluyendo para los protagonistas de esa estructura ilegal.
En México, el lavado de dinero se criminalizó desde 1989. Hasta la fecha, sólo se han obtenido 47 sentencias por ese delito, aunque, en la Procuraduría General de la República, existen 496 averiguaciones previas sobre esa materia, cita el investigador. El Fondo Monetario Internacional señala que, entre 2006 y 2008, remitió 126 denuncias que podrían tipificarse como ese delito y que suman más de 31 mil millones de pesos.
“El ciclo económico del sistema de economía criminal debería ser el hilo conductor de cualquier estrategia que verdaderamente tuviera el objetivo de desmantelar esta actividad”, refrenda Montoya.
A su vez, Guillermo Garduño Valero explica que las finanzas mundiales se apoyan en la prohibición de las drogas y su economía subterránea. Si la cocaína fuera legal, el costo de 1 kilogramo requeriría una inversión no mayor de entre 100 y 150 dólares, pero al no serlo, al salir del sitio de producción (la selva colombiana) hacia su lugar de consumo, su precio es de 2 mil 500 dólares por kilogramo, y alcanza los 132 mil dólares en el mercado al menudeo de Estados Unidos.
El valor agregado del producto es que se lo aproxima al consumidor. En México, sería de unos 32 mil dólares en la frontera, y de 6 mil dólares en la capital del país. Esa cifra varía si se trata de Panamá o de otros países.
Causas del fracaso
Para Alberto Montoya Martín del Campo, son cuatro las causas que explican el fracaso de la estrategia mexicana contra los grupos del narcotráfico. Además de las utilidades “extraordinarias” que produce la economía criminal, están: el poder corruptor universal de esa economía, la necesidad de legitimación política del gobierno federal al recurrir a las fuerzas armadas y el interés geopolítico estadunidense por establecer lo que denomina un “Estado policiaco en México”.
El poder corruptor que tienen las utilidades de la economía criminal sobre la sociedad e instituciones públicas, en la generación y legitimación de sus utilidades ilegítimas, conlleva una violencia intrínseca que no resuelve las disputas por negocios y mercados por las que se lanzó esta “guerra”.
La decisión del gobierno de responder con tácticas militares a un problema que no puede ser resuelto por las mismas, es otra causa del fracaso, porque requiere una estrategia integral que elimine el origen criminal y sólo se interpreta como su necesidad de legitimación política.
La cuarta causa del fracaso en la estrategia militar contra el narcotráfico radica en el interés geopolítico estadunidense de mantener y profundizar la dependencia económica, comercial, alimentaria, energética, mediática, industrial y política mexicanas a sus intereses.
Por esa razón, refiere el académico de la Universidad Iberoamericana, el papel funcional de la economía criminal para la subordinación de México a Estados Unidos se dirige hacia el eventual control de sus fuerzas armadas, el sistema judicial y las policías mexicanas.
En contraste con el auge de la economía criminal, la del Estado mexicano muestra una postración y debilidad estructural, juzga Montoya. El país se desindustrializó y es altamente dependiente en su alimentación: se importa el 25 por ciento del maíz, 60 por ciento de la carne de cerdo, 80 por ciento del arroz, 50 por ciento del trigo, y es primer importador mundial de leche.
La dependencia energética se traduce en el control de firmas trasnacionales del 70 por ciento de la exploración y extracción de crudo, así como del 50 por ciento de la generación de trasnacionales; además de que se importa el 40 por ciento de la gasolina.
Además, los Servicios Económicos del Grupo BBVA estiman que México crecerá en promedio 2 por ciento anual durante los próximos 20 años. Por consiguiente, para Alberto Montoya, México no es un Estado “fallido”, sino uno dependiente, con limitada soberanía económica y una economía política controlada en grados diversos por intereses externos.
¿Qué hacer?
Tras concluir que la actual estrategia del gobierno mexicano conduce al fracaso, Alberto Montoya propone medidas para recuperar el poder institucional y la soberanía del país: regresar el Ejército a los cuarteles; revertir las modificaciones jurídicas, institucionales y políticas que conducen a un Estado policiaco; restablecer el control del Poder Legislativo y Judicial sobre la policía y las instituciones de procuración de justicia; suspender la “ayuda” económica, militar y tecnológica que el gobierno estadunidense otorga al Ejército Mexicano para “reducir territorios ingobernados”; exigir la transparencia del sistema financiero y confiscar los bienes del sistema de la economía criminal y exhibir públicamente a las empresas que colaboran con ella.
Enfatizar en la prevención, especialmente entre los jóvenes y tratar como enfermos a los adictos, pues estima que los consumidores en México equivalen al 0.40 por ciento de la población (unos 540 mil ciudadanos). Montoya se manifiesta por legalizar la producción y el consumo medicinal de la marihuana, apoyado en el resultado infructuoso de la meta de “un mundo sin drogas para 2008”, que propuso, en 1998, la sesión especial de Naciones Unidas bajo la política de prohibición. Doce años después, Antonio María Costa, director de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, reconoció que el resultado imprevisto de ese control fue el fortalecimiento del crimen organizado.
También recuerda que la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, que lideran los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; César Gaviria, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México, recomendó, como primer paso, legalizar la producción y el consumo de marihuana, considerada la droga ilegal menos peligrosa.
El también docente de la Universidad Autónoma Metropolitana, Guillermo Garduño Valero, observa que Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas ilícitas, está consciente de que éstas no pueden desaparecer súbitamente de su mercado interno. Hacerlo, dice, provocaría “un estado de ansiedad de millones de usuarios en menos de 24 horas”, y todo su sistema hospitalario no alcanzaría a cubrir una emergencia de esa naturaleza.
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| Foto Archivo |
La “guerra” mexicana contra el narcotráfico le permite a Estados Unidos intervenir en las políticas de seguridad nacional, procuración de justicia, defensa y derechos humanos de México. Aunque es el principal país consumidor a nivel mundial de drogas, abandonó el concepto de “guerra contra las drogas” en su política interior e impidió que su ejército combatiera a los narcotraficantes. Sin embargo, avaló la estrategia militar del Ejecutivo mexicano porque favorece su interés de promover un Estado policiaco y subordinado en esa región.
Para alcanzar ese propósito, Estados Unidos lanzó una estrategia cuya primera fase responsabiliza a México de esa situación. La segunda fase difunde la presunta debilidad de las fuerzas armadas y de seguridad para combatir al narcotráfico, lo que justifica la injerencia de las instituciones de seguridad estadunidenses en el territorio nacional, señala Alberto Montoya Martín del Campo, investigador de la Universidad Iberoamericana.
La última fase del proceso, la cesión total de la soberanía de México, se alcanza cuando las instituciones responsables de contener al crimen organizado, el Ejército y los cuerpos policiacos, se someten a Estados Unidos al autorizarle realizar operaciones militares en territorio mexicano, incluso, instalar sus bases, explica Montoya.
Estados Unidos utilizó durante los últimos 25 años el concepto de “guerra” contra el narcotráfico frente al creciente consumo de drogas ilegales que amenazaba su seguridad pública; sin embargo, las propias autoridades declararon nula esa concepción.
En mayo de 2009, Gil Kerlikowske, director de la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas de la Casa Blanca, declaró: “No importa cómo se intente explicar a la gente si es una guerra contra la droga o contra el producto; la gente lo ve como una guerra contra ellos. No estamos en guerra contra la gente de este país”. En consecuencia, el nuevo enfoque estadunidense busca reducir el consumo, dar prioridad al tratamiento y disminuir la encarcelación.
En junio de 2009, Andrew Selee, director del Instituto México del Centro Woodrow Wilson, admitió: “Aunque hace 20 años el combate al tráfico de drogas ilegales y a los grupos delictivos trasnacionales era un tema más en la agenda binacional, actualmente es el prioritario”.
Selee explicó que su país no teme el ingreso de terroristas a su país desde México, sino que cruce su frontera sur la escalada de violencia –secuestros, desapariciones y homicidios–. Ante tal expectativa, respaldó la cooperación de su gobierno con las autoridades mexicanas para frenar a los cárteles.
El gobierno mexicano hace lo que aquel país ya dejó de hacer, pues considera que conviene a sus intereses geopolíticos, manifiesta Montoya.
“Guerra” al enemigo interno
La justificación del gobierno mexicano al lanzar la “guerra” contra las organizaciones del narcotráfico fue reducir su violencia. A pesar de los patrullajes y operativos del Ejército en diversas regiones del país, la violencia aumentó a niveles no observados en décadas, con más de 15 mil asesinatos en los últimos tres años, describe Montoya, autor de una investigación sobre los riesgos para la soberanía nacional de la estrategia militar contra el narcotráfico, que publicará la Universidad Iberoamericana.
Al sacar a las calles al Ejército, sin tratarse de una guerra contra otra nación, la misión del Ejército Mexicano se concibe como el enfrentamiento con un enemigo interno, que pone en riesgo a la seguridad nacional. Esa estrategia, señala el académico, afecta “severamente al Ejército”, pues lo expone al poder corruptor de la economía criminal, a la vez que lo lleva a un terreno estratégico ajeno a su mandato constitucional.
Además, anualmente desertan del cuerpo castrense unos 20 mil elementos, casi 150 mil en los últimos ocho años. Ese fenómeno debilita al Ejército –una institución que debía ser formadora de ciudadanos comprometidos con los más altos valores cívicos y morales–. En los hechos, se convierte en proveedora de cuadros capacitados en las disciplinas militares que ahora se dedican a actividades criminales.
También, el fracaso de la actual estrategia es “de suma gravedad para la nación”, porque pone en riesgo la soberanía, manifiesta el académico. Las fuerzas armadas son el reducto fundamental para la defensa de la soberanía nacional. Una forma de vulnerarla es obligarlas a realizar tareas sin sustento en la Constitución y que, por la complejidad de su misión, no podrán lograr los objetivos propuestos.
Bajo la lógica de esas acciones contra el crimen organizado, advierte Montoya, se corre el riesgo de dirigir al Ejército para contener la movilización y protesta social contra los intereses económicos de empresas globales, caciquismos regionales o acciones arbitrarias de los poderes políticos.
Por su parte, Guillermo Garduño Valero, especialista en fuerzas armadas, estima que la actual estrategia federal contra los grupos del narcotráfico no es una “guerra”, y menos una “guerra convencional”. Explica que se trata de una guerra entre un actor no estatal, el crimen organizado, que no aspira al poder –pero sí a dominar su esfera de influencia–. En su opinión, ese combate asimétrico no necesariamente ha dado la ventaja al Estado mexicano.
La actividad de esos actores no estatales tiene un carácter trasnacional, pues las cadenas del narcotráfico se extienden más allá de los límites territoriales. Para eliminarlas, el Estado requiere de acuerdos internacionales, con lo que la movilidad de las organizaciones del narcotráfico opera como una ventaja.
Para el analista, la violencia actual se creó a partir “de los repartos territoriales y de los acuerdos de largo plazo” que hubo entre los capos del narcotráfico y el Estado. Sostiene que “el crimen sí paga”. Los cuantiosos recursos que dispone el narcotráfico y la demanda cautiva de las drogas por la adicción de millones de consumidores “hacen imposible su desaparición por la vía armada”.
Finanzas, el frente olvidado
Hasta ahora, ninguna fase de esa “guerra” gubernamental contra el narcotráfico ha perseguido las finanzas ni las extraordinarias ganancias que genera la economía criminal como una política pública prioritaria, destacan ambos analistas. De esa forma, los grupos del narcotráfico tienen recursos económicos suficientes para debilitar a los gobiernos, y con éstos corrompen su estructura política, militar y financiera.
Alberto Montoya refiere que, según estimaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, cuando menos medio millón de mexicanos obtienen su subsistencia a través de su participación en la producción o comercialización de drogas ilegales. Por lo tanto, el poder del narcotráfico no radica en su armamento, logística, capacidad de fuego u organización, sino en las extraordinarias utilidades que genera ese sistema de economía criminal.
La economía criminal, controlada desde Estados Unidos en sus fases de consumo, trasiego y lavado de dinero, no ha sido afectada por la estrategia del gobierno mexicano. Esto permite vaticinar que en el futuro próximo seguirá la oferta de esas drogas hacia Estados Unidos, México y otras partes del mundo, advierte el analista. De igual forma, las utilidades del negocio del narcotráfico ya lavadas seguirán fluyendo para los protagonistas de esa estructura ilegal.
En México, el lavado de dinero se criminalizó desde 1989. Hasta la fecha, sólo se han obtenido 47 sentencias por ese delito, aunque, en la Procuraduría General de la República, existen 496 averiguaciones previas sobre esa materia, cita el investigador. El Fondo Monetario Internacional señala que, entre 2006 y 2008, remitió 126 denuncias que podrían tipificarse como ese delito y que suman más de 31 mil millones de pesos.
“El ciclo económico del sistema de economía criminal debería ser el hilo conductor de cualquier estrategia que verdaderamente tuviera el objetivo de desmantelar esta actividad”, refrenda Montoya.
A su vez, Guillermo Garduño Valero explica que las finanzas mundiales se apoyan en la prohibición de las drogas y su economía subterránea. Si la cocaína fuera legal, el costo de 1 kilogramo requeriría una inversión no mayor de entre 100 y 150 dólares, pero al no serlo, al salir del sitio de producción (la selva colombiana) hacia su lugar de consumo, su precio es de 2 mil 500 dólares por kilogramo, y alcanza los 132 mil dólares en el mercado al menudeo de Estados Unidos.
El valor agregado del producto es que se lo aproxima al consumidor. En México, sería de unos 32 mil dólares en la frontera, y de 6 mil dólares en la capital del país. Esa cifra varía si se trata de Panamá o de otros países.
Causas del fracaso
Para Alberto Montoya Martín del Campo, son cuatro las causas que explican el fracaso de la estrategia mexicana contra los grupos del narcotráfico. Además de las utilidades “extraordinarias” que produce la economía criminal, están: el poder corruptor universal de esa economía, la necesidad de legitimación política del gobierno federal al recurrir a las fuerzas armadas y el interés geopolítico estadunidense por establecer lo que denomina un “Estado policiaco en México”.
El poder corruptor que tienen las utilidades de la economía criminal sobre la sociedad e instituciones públicas, en la generación y legitimación de sus utilidades ilegítimas, conlleva una violencia intrínseca que no resuelve las disputas por negocios y mercados por las que se lanzó esta “guerra”.
La decisión del gobierno de responder con tácticas militares a un problema que no puede ser resuelto por las mismas, es otra causa del fracaso, porque requiere una estrategia integral que elimine el origen criminal y sólo se interpreta como su necesidad de legitimación política.
La cuarta causa del fracaso en la estrategia militar contra el narcotráfico radica en el interés geopolítico estadunidense de mantener y profundizar la dependencia económica, comercial, alimentaria, energética, mediática, industrial y política mexicanas a sus intereses.
Por esa razón, refiere el académico de la Universidad Iberoamericana, el papel funcional de la economía criminal para la subordinación de México a Estados Unidos se dirige hacia el eventual control de sus fuerzas armadas, el sistema judicial y las policías mexicanas.
En contraste con el auge de la economía criminal, la del Estado mexicano muestra una postración y debilidad estructural, juzga Montoya. El país se desindustrializó y es altamente dependiente en su alimentación: se importa el 25 por ciento del maíz, 60 por ciento de la carne de cerdo, 80 por ciento del arroz, 50 por ciento del trigo, y es primer importador mundial de leche.
La dependencia energética se traduce en el control de firmas trasnacionales del 70 por ciento de la exploración y extracción de crudo, así como del 50 por ciento de la generación de trasnacionales; además de que se importa el 40 por ciento de la gasolina.
Además, los Servicios Económicos del Grupo BBVA estiman que México crecerá en promedio 2 por ciento anual durante los próximos 20 años. Por consiguiente, para Alberto Montoya, México no es un Estado “fallido”, sino uno dependiente, con limitada soberanía económica y una economía política controlada en grados diversos por intereses externos.
¿Qué hacer?
Tras concluir que la actual estrategia del gobierno mexicano conduce al fracaso, Alberto Montoya propone medidas para recuperar el poder institucional y la soberanía del país: regresar el Ejército a los cuarteles; revertir las modificaciones jurídicas, institucionales y políticas que conducen a un Estado policiaco; restablecer el control del Poder Legislativo y Judicial sobre la policía y las instituciones de procuración de justicia; suspender la “ayuda” económica, militar y tecnológica que el gobierno estadunidense otorga al Ejército Mexicano para “reducir territorios ingobernados”; exigir la transparencia del sistema financiero y confiscar los bienes del sistema de la economía criminal y exhibir públicamente a las empresas que colaboran con ella.
Enfatizar en la prevención, especialmente entre los jóvenes y tratar como enfermos a los adictos, pues estima que los consumidores en México equivalen al 0.40 por ciento de la población (unos 540 mil ciudadanos). Montoya se manifiesta por legalizar la producción y el consumo medicinal de la marihuana, apoyado en el resultado infructuoso de la meta de “un mundo sin drogas para 2008”, que propuso, en 1998, la sesión especial de Naciones Unidas bajo la política de prohibición. Doce años después, Antonio María Costa, director de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, reconoció que el resultado imprevisto de ese control fue el fortalecimiento del crimen organizado.
También recuerda que la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, que lideran los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; César Gaviria, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México, recomendó, como primer paso, legalizar la producción y el consumo de marihuana, considerada la droga ilegal menos peligrosa.
El también docente de la Universidad Autónoma Metropolitana, Guillermo Garduño Valero, observa que Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas ilícitas, está consciente de que éstas no pueden desaparecer súbitamente de su mercado interno. Hacerlo, dice, provocaría “un estado de ansiedad de millones de usuarios en menos de 24 horas”, y todo su sistema hospitalario no alcanzaría a cubrir una emergencia de esa naturaleza.
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lunes, 25 de julio de 2011
OTAN bombardea Trípoli y Gadafi denuncia complot.
AFP
La OTAN atacó este domingo varios objetivos militares en Trípoli, y el coronel Muamar Gadafi denunció en un mensaje sonoro que la guerra que vive su país desde hace cinco meses obedece a un “complot colonial”.
“Hemos alcanzado en Trípoli dos centros de mando y control, dos lanzadores de misiles tierra-aire y un arma antiaérea”, indicó un responsable de la OTAN desde el puesto de comando de la operación en Nápoles, Italia.
El domingo dos explosiones sacudieron el barrio de la residencia de Gadafi, en el centro de Trípoli. Luego hubo explosiones en el este y el sureste de la capital, según un periodista de la AFP. El líder libio afirmó en un mensaje sonoro difundido por la noche en la televisión estatal que los combates entre sus hombres y la oposición, que desde mitad de febrero intenta derrocarlo, se deben a “un complot colonial”.
El coronel desmintió a los grupos de defensa de los derechos humanos que acusaron a sus fuerzas de matar a opositores y a miles de manifestantes.
“Sólo han muerto ocho personas, y hay una investigación para determinar quién las mató (...) Muéstrennos dónde están enterradas esas miles de personas” que habrían sido asesinadas, dijo Gadafi.
El líder libio aprovechó para expresar su solidaridad con el ex presidente egipcio Hosni Mubarak, que abandonó el poder el pasado febrero presionado por un levantamiento popular, y afirmó que es un hombre “pobre, modesto”, que “ama” a su pueblo.
Alemania anunció este domingo que ha otorgado un préstamo de 100 millones de euros a la oposición libia, organizada en el Consejo Nacional de Transición (CNT).
“La situación en Libia es sumamente difícil a causa de la guerra que el coronel Muamar Gadafi libra contra su propio pueblo”, explicó el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, en un comunicado.
“Faltan medios para construir las estructuras necesarias y aliviar la escasez de suministros; faltan desde equipos médicos a alimentos. El resultado es que la gente cada vez sufre más, especialmente en el este de Libia”, añadió el ministro.
Los rebeldes, que desde hace cinco meses intentan derrocar al líder Muamar Gadafi, indicaron el viernes que perdieron a 16 combatientes en el este de Trípoli. Aseguraron también que lograron infiltrarse en la capital y atacar un puesto de mando leal al gobierno.
Los insurgentes afirman que expulsaron a la mayor parte de los hombres de Gadafi de Brega, un puerto petrolero a 800 km al este de Trípoli, y que están a punto de avanzar hacia la capital partiendo de la ciudad de Misrata y de otros enclaves del oeste del país bajo su control.
La OTAN atacó este domingo varios objetivos militares en Trípoli, y el coronel Muamar Gadafi denunció en un mensaje sonoro que la guerra que vive su país desde hace cinco meses obedece a un “complot colonial”.
| “Hemos alcanzado en Trípoli dos centros de mando y control”, indicó un esponsable de la OTAN. (Foto EFE) |
El domingo dos explosiones sacudieron el barrio de la residencia de Gadafi, en el centro de Trípoli. Luego hubo explosiones en el este y el sureste de la capital, según un periodista de la AFP. El líder libio afirmó en un mensaje sonoro difundido por la noche en la televisión estatal que los combates entre sus hombres y la oposición, que desde mitad de febrero intenta derrocarlo, se deben a “un complot colonial”.
El coronel desmintió a los grupos de defensa de los derechos humanos que acusaron a sus fuerzas de matar a opositores y a miles de manifestantes.
“Sólo han muerto ocho personas, y hay una investigación para determinar quién las mató (...) Muéstrennos dónde están enterradas esas miles de personas” que habrían sido asesinadas, dijo Gadafi.
El líder libio aprovechó para expresar su solidaridad con el ex presidente egipcio Hosni Mubarak, que abandonó el poder el pasado febrero presionado por un levantamiento popular, y afirmó que es un hombre “pobre, modesto”, que “ama” a su pueblo.
Alemania anunció este domingo que ha otorgado un préstamo de 100 millones de euros a la oposición libia, organizada en el Consejo Nacional de Transición (CNT).
“La situación en Libia es sumamente difícil a causa de la guerra que el coronel Muamar Gadafi libra contra su propio pueblo”, explicó el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, en un comunicado.
“Faltan medios para construir las estructuras necesarias y aliviar la escasez de suministros; faltan desde equipos médicos a alimentos. El resultado es que la gente cada vez sufre más, especialmente en el este de Libia”, añadió el ministro.
Los rebeldes, que desde hace cinco meses intentan derrocar al líder Muamar Gadafi, indicaron el viernes que perdieron a 16 combatientes en el este de Trípoli. Aseguraron también que lograron infiltrarse en la capital y atacar un puesto de mando leal al gobierno.
Los insurgentes afirman que expulsaron a la mayor parte de los hombres de Gadafi de Brega, un puerto petrolero a 800 km al este de Trípoli, y que están a punto de avanzar hacia la capital partiendo de la ciudad de Misrata y de otros enclaves del oeste del país bajo su control.
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